Los 80 no volverán

Ahí donde la ves, esta cámara es indestructible.

Se acaba el verano y nada mejor que ir al cine a ver un poco de nostalgia condensada en una cinta antigua de super 8. Los ingredientes son perfectos. Un grupo de amigos pre-adolescentes que viven aventuras en un pequeño pueblo norteamericano de los 70-80, cada uno de ellos con una marcada personalidad. ¡Ya está! Ahí tenemos un pequeño fragmento de “Los Goonies”. No podía faltar el ejército, que son muy malos y tratan de recuperar aquello que han perdido. ¡Más, quiero más! ¡Dame más, J. J. Abrams! Pues como los personajes niños son los protagonistas, los adultos, son planos; casi parece que el guionista-director les haya puesto directamente una careta sobre su rostro real. ¿Para qué hacerlos complicados? ¿Por qué no recurrir al topicazo del padre que no se lleva bien con su hijo tras la muerte de su madre? ¿O por qué motivo privar al espectador de la oportunidad de empatizar con la hija de un borracho?

Cualquier tiempo pasado fue mejor.

Podría seguir analizando el argumento y personajes de “Super 8″, pero tal vez no debería ensañarme tanto con esta película. Al fin y al cabo tan sólo busca el entretenimiento. Quizás sea duro con ella porque hábilmente alguien me hizo creer que iba a ver un nuevo “E. T.”, o algo parecido a “Los Goonies”. Evidentemente, ese alguien me engañó. Me di cuenta de ello en la escena del tren. Realmente es la que marca el declive. “Pero si eso ocurre prácticamente al principio de la peli”. Cierto. De hecho, hasta ese momento, la película promete. Un grupo de chavales quiere hacer su propia película de terror con apenas medios y mucha voluntad. Sin embargo, a partir de ahí, la tensión decae y el hilo argumental es eso: un leve hilo que está a punto de romperse continuamente por culpa de la poca imaginación del también guionista Abrams.

Aun así, tengo que reconocer que hubo escenas con las que me reí, en concreto aquellas en las que Martin (Gabriel Basso) soltaba algunas de sus frases (o algo más). Además, los créditos esconden un pequeño tesoro, algo mágico que es lo que debería haber sido el eje central de la película: un grupo de chavales utilizando su imaginación. Gran ironía el que los personajes creados por J. J. Abrams parezcan tener más imaginación que él mismo.

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